En un mensaje a los participantes en la sesión plenaria de esta semana de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, el Papa León XIV insistió en que «la democracia sigue siendo saludable sólo si está arraigada en la ley moral» y advirtió que «la concentración del poder, la tecnología, la economía y el ejército en algunas manos amenaza la participación de la democracia entre el pueblo y el consenso».
Por Débora Castellano Lubov
«Sin embargo, la democracia sólo puede ser saludable si está arraigada en la ley moral y la verdadera visión del pueblo. Esta falta de fundamentos corre el riesgo de convertirse en un dictador o una barrera a la influencia de las élites económicas y tecnológicas».
Así lo expresó el Papa León en una carta que envió a los participantes en la sesión plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, del 14 al 16 de abril de 2026. La sesión plenaria versó sobre el tema: «El uso del poder: legitimidad, democracia y reescritura del orden internacional», que el Papa llamó la construcción de la nación de manera oportuna y precisa.
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El poder debe orientarse hacia el bien común.
En su carta, el Santo Padre enfatizó que las enseñanzas de la sociedad católica consideran el poder no como un fin en sí mismo, sino como un medio dirigido al bien común. Esto demuestra que la legitimidad de la autoridad no depende de la movilización de la fuerza económica o tecnológica, sino de la sabiduría y las virtudes que imparte.
Recordó a los participantes que la sabiduría nos permite conocer y buscar la verdad y el bien en lugar de bienes prácticos y no adulterados en las circunstancias de la vida diaria, y que la sabiduría «es inseparable de las virtudes que fortalecen nuestro deseo de promover el bien común».
«En particular», señaló, «sabemos que la justicia y la resiliencia son indispensables para tomar decisiones correctas y para la implementación de las decisiones».
El Papa León dijo que la comprensión del poder legítimo encuentra una de las más altas expresiones en la verdadera democracia.
«Lejos de ser un procedimiento único, la democracia reconoce la dignidad de todos y llama a todos los ciudadanos a participar responsablemente en pos de intereses comunes.»
Criterios para una democracia sana
Recordó que el Papa San Juan Pablo II reflejó esta condena cuando afirmó que la Iglesia valora la democracia porque garantiza la participación en las decisiones políticas y «tanto la posibilidad de elecciones como la rendición de cuentas ante quienes las gobiernan y los reemplazan por medios pacíficos cuando sea apropiado».
Sin embargo, el Papa subrayó que la democracia sólo puede ser saludable si está arraigada en la ley moral y en la verdadera visión del hombre. Si eso no sucede, advierte, se correrá el riesgo de convertirse en una «dictadura mayoritaria o una máscara para la influencia de las elites económicas y tecnológicas».
El Santo Padre recordó también que los mismos principios que rigen el ejercicio de la autoridad en las naciones deben aplicarse también al orden internacional.
Dijo que era especialmente importante recordar esto ya que los rivales estratégicos y los intercambios aliados estaban reorganizando las relaciones mundiales. «Debemos recordar que un orden internacional estable y justo no puede surgir de un equilibrio de poder o de una lógica puramente tecnológica», afirmó.
Amenazas a la participación democrática y la unidad internacional
El Papa advirtió que «la concentración de poder, tecnología, economía y ejército en algunas manos» amenazaba «tanto la participación democrática entre el pueblo como el consenso internacional».
El Papa León recordó que sus predecesores destacaron la necesidad de instituciones actualizadas y autoridades globales marcadas por principios subsidiarios, al tiempo que destacó cómo «va más allá de lo necesario para repensar audazmente el modelo de cooperación internacional».
Señaló que cuando las superpotencias de la Tierra amenazaron Tranquilidad del orden La antigua definición agustiniana de paz «Debemos sacar esperanza del reino de Dios, que, aunque no es de este mundo, ilumina los asuntos de este mundo y revela su significado escatológico.
En esta visión de la fe, recordó, «nos recuerda que todo el poder de Dios se manifiesta, especialmente en la misericordia y el perdón; el poder divino no es incontrolable, sino curativo y restaurador».
La lógica de la bondad debe hacer un movimiento histórico.
En este sentido, el Papa subrayó que «es la lógica de la caridad la que debe activar el movimiento histórico de las actividades de inspiración humana, ayudando a organizar las «ciudades de la tierra» en la unidad y la paz, mostrándole – aunque imperfectamente – la anticipación y la predestinación de la «ciudad de Dios». «
Esta fe, anima el Santo Padre, «fortalece nuestra determinación de construir una cultura de reconciliación capaz de superar el abandono y la impotencia».
Con estos sentimientos, el Papa expresó la esperanza de que sus reflexiones «proporcionarían una visión valiosa sobre la justificación del ejercicio del poder legítimo, los criterios de la verdadera democracia y el tipo de orden internacional que sirve al bien común».
De esta manera, dijo, su trabajo «hará una contribución significativa a la construcción de una cultura global de reconciliación y paz, una paz que no sea sólo una frágil ausencia de conflicto, sino un fruto de la justicia que proviene de la humilde autoridad puesta al servicio de todas las personas y familias».
Finalmente, el Papa León terminó orando para que el Espíritu Santo ilumine sus mentes y sostenga sus esfuerzos.
